| Estoy en el colectivo mirando hacia fuera y comienzo un
viaje retrospectivo de mi vida. Cuantas experiencias para llegar hasta
aquí. Los últimos años fueron de una intensa búsqueda
y trabajo interior, en lo externo parece que no hubo casi cambios. Sin embargo en este momento sé que soy más que mis circunstancias, que el nombre que me pusieron al nacer, que la hija de mi madre y la madre de mis hijos. Y de golpe me pregunto ¿quién soy? Comienzo a mirar a las personas que viajan conmigo y me reconozco en cada una de ellas. A mi derecha un muchacho se alisa el pelo. ¿Por qué su mano me resulta tan familiar? ¡Esa también es mi mano! Yo soy todos y no puedo identificar mi yo, siento que no hay yo. Mi conciencia va hacia mi mano, no puedo moverme, experimento esa imposibilidad. Comienzo a mirar mi cuerpo, veo mi rostro reflejado en la ventanilla como si lo viera por primera vez. Ese cuerpo tampoco soy yo. Es mi vehículo. Tengo que ocuparme un poco más de él. Que extraño y maravilloso es observar el cuerpo sin el registro de identificación. Miro hacia afuera y veo cosas que siempre paso por alto, todo me sorprende y hasta lo más común llama mi atención. Estoy llegando a destino, pero no puedo moverme; le pido a Amma que me ayude. Pararme, caminar y tocar el timbre me parece toda una odisea. Estoy confundida no sé bien donde tengo que bajar. Me paro, un señor me mira, mis movimientos son lentos y desmañados. ¡Conseguí bajar! Ahora solo tengo que concentrarme y caminar 5 cuadras. Vuelvo a pedirle a Amma que me ayude. ¡Qué difícil es cruzar la calle! Cada paso es inseguro y torpe. Llego, me abre la puerta mi amiga, lo primero que me dice es ¡qué linda estás! Charlamos un rato y me esfuerzo por ser coherente (parece que no lo conseguí). Dice que tengo los ojos… la mirada distinta. -¿Te pasa algo? Le cuento lo ocurrido y le pido ir arriba donde tiene una habitación con un altar para meditar. Aquí estamos las dos como tantas veces, pero sin saber muy bien que hacer. Pido a Bhagaván que nos guíe. Mi amiga comienza a cantar un Mantra. De golpe siento como si me succionaran el cerebro por la coronilla. Es una sensación rarísima, nunca experimente algo así. La sensación no cesa, la energía sigue fluyendo. Siento una presencia... sé que es Amma. La veo muy feliz, está sonriendo, siento que es por mí. Lo busco a Bhagaván, pregunto por él. Unos minutos después lo veo junto a Amma, también está feliz y sonriendo. El corazón me estalla de amor y de dicha. Yo también sonrío (¿porqué me estaré sonriendo?), la sonrisa se hace más amplia y comienzo a reír. Estoy en Ananda no puedo parar de reírme. Silvana Quirós. |