| Experiencias de SER (no creer, pensar, sino intensa y simplemente
ser). He de ser honesta y decir que nuevamente salí un poco “desilusionada” del taller, a pesar de que tuve “experiencias extraordinarias”: sentí vibrar cada uno de mis Chakras y otras cosas que ya he sentido tanto; experiencias “lumínicas” las cuales las considero un regalo divino, pero que me dejan con la sensación de vacío posterior y de profunda “pena”, pues son tan efímeras y todo vuelve a ser como antes, sin brillo, sin esa intensidad, todo nuevamente gris, no son permanentes, ese estado de “gracia” que por instantes Dios ha sido tan generoso de proporcionarme, y nuevamente buscar vanamente la “meditación” el “Mantra” el “ejercicio” que pudiera nuevamente conducirme a ese estado de luz infinita y sostenedora donde todo es y no es al mismo tiempo, donde no hay que hacer ningún esfuerzo, donde uno es sostenido por algo que está por sobre todo, que es todo y que soy yo también, donde no necesito nada ni siquiera respirar, y luego, nada, mi mente intenta apoderarse de la experiencia de sostenerla, de entenderla y ¡paf!, todo “desaparece”. Cómo empezar a describir lo que me esta pasando si es simplemente ser, sin esfuerzos, es sentir esa liviandad de ser simplemente, sentirlo a nivel físico, orgánico; nada ha cambiado, yo no he cambiado, es solo que estoy siendo intensamente yo, sin esfuerzo, sin dolor sin apegos sin gasto de energía, es tan exquisitamente extraño y conocido a la vez, pues soy yo, más que nunca yo, es decir en mi caso, sigo siendo “pesada” tremendamente discutidora y defensora de “causas perdidas” pero eso no me “desgasta” no queda ningún “residuo” de la experiencia, simplemente se vive intensamente y luego pasa y no queda nada, quedo libre para ir a lo que tenga que suceder y vivirlo con total entrega e intensidad y luego no queda nada, solo la liviandad de seguir siendo, libre, liviana, entendí, orgánicamente, lo que es tener una experiencia, cualquiera, vivirla y luego quedar completamente libre y vacía y seguir adelante simplemente, incluso mi mente no alcanza a adueñarse del momento ni de la experiencia en sí. Es sentir también a nivel físico, mi cuerpo más liviano, como si dentro de mi cuerpo no hubiese nada, un vacío grato y placentero, han desparecido dolores que por años estaban en mi cuerpo, que ya estaba habituada a su molestia. Es como si mis sentidos funcionaran de una manera que no logro entender, mi mente no me puede “atrapar”. Sin embargo yo sigo siendo igual, en el sentido que me siento más yo que nunca, es gracioso y sé que no lo podrán entender y eso me causa mucha “risa” y todo está bien como nunca antes lo había estado y todo sigue igual, parece un koan zen, y lo estoy disfrutando al máximo, y nadie se da cuenta y no tengo que dar explicaciones. Es entender un poco más profundamente y orgánicamente la liberación. No hay apegos porque simplemente no los hay, lo piense o no, no busco los estados y ellos están. Marcela. |